martes, 23 de abril de 2013

Historia de los BMWs eléctricos (parte 2)


El E30 325iX fue el resultado del desarrollo que llevó a cabo BMW luego del 1602. Se reemplazaron las baterías por unas más eficientes (de sodio-azufre) y fueron analizadas en una plataforma especial para medir su rendimiento.

Teniendo en cuenta la densidad de estas nuevas baterías, lograron unas baterías mucho más livianas que permitían mayor autonomía (150 km en tráfico urbano). Re realizaron ocho unidades del 325 ix que se pusieron a prueba en toda Alemania.

Animado por los dos primeros proyectos, BWM comenzó a trabajar en un vehículo eléctrico sin tener como meta ningún compromiso de presentación al público. En el 1991 en el Salón de Frankfurt se dio a conocer el E1, diseñado como un vehículo eléctrico urbano, ligero y eficiente.

Este vehículo se realizó en aluminio y se podía cargar en sólo seis horas utilizando una fuente de alimentación doméstica. En este aspecto era bastante similar al concept Renault Zoe.

BMW confirmó una autonomía de 160km. Sólo se realizaron 5 prototipos del E1 y una versión americana que fue dada a conocer en 1992.

La segunda generación del E1 se presentó en Frankfurt en 1993. Tenía como diferencia una mayor eficiencia y durabilidad gracias a la utilización de baterías de sodio-cloruro de níquel (también conocidas como Zebra).

Le siguió el E36 de mayor potencia, el cual fue probado en la vida real entre 1992 y 1996. Estas pruebas sirvieron para la recopilación de datos de usuario que dieron como resultado una mejora en la duración de la batería y más fiabilidad en el motor.  Otras importantes mejoras fueron la disminución del peso del motor eléctrico (a tan sólo 65kg) y una carga rápida de la batería (75% de carga en 40 minutos)


Una segunda tanda de E36 (de color amarillo) fueron utilizados por el departamento técnico de BMW entre 1995 y 1997